La Ilusión y la Política
Post de @torrejon http://elcorazonhelado.com/ Presentación
Intentó hacer memoria, ¿para qué había servido todo ese esfuerzo e ilusión? ¿qué es lo que había aprendido en ocho años de militancia en un partido político?.
-¡Para tener mundología!, eso es lo que he aprendido- se respondió a si misma, -Y eso no se imparte en ninguna universidad, pero tampoco es un puesto que necesite ninguna empresa-. Pero eso no era lo que le había producido ese estado de nervios. Tenía tal desazón que le impedía pensar con claridad, parecía una kamikaze buscando al portaaviones más grande para destruirlo.
Antes de tener conciencia política, pensaba que -El congreso era como las piaras, cuando los cerdos comen, no gruñen, y si no comen; pues gruñen hasta que comen- Conforme se iba formando, se dio cuenta que había muchos motivos para gruñir, el ejercicio continuado del poder que estaba realizando el partido en el gobierno de su comunidad, estaba creando una sociedad que se alejaba cada vez más del modelo en el que ella creía. Y evitar eso, fue su principal razón para afiliarse.
Recopiló las pequeñas verdades personales e intransferibles que había acumulado en todo este tiempo. No valían para otra persona, sólo la servían a ella, pero algo había fallado.
Una de esas pequeñas verdades era -La política no está hecha para la gente sensible, pero la política necesita a la gente sensible para llamarse democracia-.
Otra, -que si bien la sensación colectiva de participar y ganar unas elecciones es increíblemente grande, sobre todo si son las de 2004, si las pierdes es lo más parecido a un entierro- Ella, ya conocía las dos emociones, y pensaba que si cuando perdieron, superó la peor emoción que sintió dentro del partido, sería capaz de aguantar cualquier cosa, pero estaba equivocada, ahora estaba pasando el peor momento con diferencia.
Nunca pensó involucrase tanto con sus ideales y ni mucho menos tanto en un partido político, pero cuando se afilió sabía que se podría encontrar con cosas que no le iban a gustar. Pero precisamente para eso se afiliaba en un partido: “Para cambiarlas”. Porque para ella, los problemas eran motivaciones para seguir trabajando, para seguir esforzándose más, pero esto ya era demasiado. Rotas “las presas”, las lágrimas empezaban a inundar sus mejillas.
Sabía que los políticos no son una clase aparte, tienen las mismas características de la sociedad que representan, y en los tiempos que vivimos, estas características no son muy virtuosas. Conocía a muchos políticos, y a los que más admiraba era porque no eran dogmáticos. -¡Un buen político no podía ser dogmático ni con la “religión”, ni con el “nacionalismo”, ni con la “emoción”, y ni por supuesto, con “la razón”!-
Y ella siempre intentaba no ser dogmática, ella opina que -La emoción a veces te juega malas pasadas-, y aunque a veces se extralimite con “la razón”, porque es su “niña bonita”, estudió con cuidado si el fallo estaba ahí, pero no, en estos conceptos no estaba el culpable de su derrumbe emocional.
-Un político debe saber que es lo mejor para si mismo para saber que es lo mejor para lo demás-, esto lo aprendió de un compañero octogenario de su agrupación. También le decía: -Niña, no es bueno que alguien sólo sepa “estar en la política”. Los políticos verdaderamente libres son los que no dependen de su cargo para vivir-.
Y también se acordó, de mucha gente que la acompañó temporalmente en este viaje. Ellos se quemaron antes que ella, y cuando a veces les escuchaba, sólo podía pensar -¡Qué a mí nunca me llegue la desilusión!-
Repasó mentalmente lo que estaba pensando y ocurrió algo, como una revelación, que le hizo decir en voz alta -Mierda, la dialéctica otra vez-
Corrió y corrió hasta su casa, subió las escaleras sin esperar al ascensor, fue como un rayo al diccionario de la Real Academia, miró por la letra “i”, y leyó.
ilusión.
(Del lat. illusĭo, -ōnis).
1. f. Concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos.
2. f. Esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo.
3. f. Viva complacencia en una persona, una cosa, una tarea, etc.
4. f. Ret. Ironía viva y picante.
Nada había de bueno en haber realizado tanto esfuerzo con tanta ilusión, y entendió:
-Un político no debería albergar demasiada ilusión, tiene que tener convicción- y encogiéndose de hombros aceptó el nuevo desafío.
—–
El lector avispado podrá ver que aquí están de alguna manera reflejos de: Espinoza, Kant, Hegel, Heidegger,Marcuse, Sartre, The Doors, etc., y mucha gente más lista y sabia, y que además de sobrevivir a tiempos muy difíciles, es anónima para la mayoría de la gente que lea estas líneas. Esta entrada va dedicada a todas ellas.










IM-PRE-SIO-NAN-TE
Menudo curro Robert, gracias por compartir todas esas reflexiones con todos. Hay que recordarlas mas a menudo.
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Más que increible, es genial!!
Votado queda!!!