Un año más en la vida

Es un año más….versionando a Sidonie Pero no, este no ha sido un año más. Atrás quedaron nubes negras de años grises. Vinieron amores, desamores, amigos, desamigos y alguna noche sin dormir.

Los de siempre, los de toda la vida, siguieron atandome al suelo y dandome alas. Haciendome rica.

Vinieron nuevos amigos, nuevos países, nuevos trabajos, nuevos amores, nuevas ilusiones.

En África encontré una estrella, capaz de convertir 4:02 de odio en un fin de semana de felicidad absoluta. En una entrevista de trabajo encontré mi referente, mi ejemplo a seguir. No sé muy bien como encontré a mi niño amarillo, pero lo encontré.

Otros se fueron. Es verdad. Como los comentas, dejaron rastro y valió la pena tenerlos. Nada más.

Y muchos otros, se fueron sumando a los que llamo amigos y me hicieron más grande día a día. También lloré. No una , ni dos veces.

Mientras unos ganaban la guerra   yo gané la paz. Me dejé rehacer, reconstruirme, ser yo.

No, no será un año más. Será siempre el año en el que en tus brazos el mundo y yo sellamos la paz.

La historia de mi vida

Cuando nací me pusieron medio litro de sangre prestada, justo lo que dona una persona y toda la sangre  que necesita un bebé. Pero la sangre que te ponen no es sólo de una persona, es de muchos. Así que nada más nacer me pusieron un poquito de otros  y esos otros, esos desconocidos me salvaron la vida. En sentido literal.

Así que si hoy estoy aqui, dando guerra, fue gracias a ellos.Y me ha parecido el mejor día para compartir con vosotros “la historia de mi vida”  y ya de paso hacer un poco de anuncio de Cruz Roja y decir que donar sangre #molamil ;)

Desde la casa del mundo

En mitad del lago Atitlán está la Casa del mundo.

casa.

(Del lat. casa, choza).

1. f. Edificio para habitar

mundo.

(Del lat. mundus, y este calco del gr. κόσμος).

1. m. Conjunto de todas las cosas creadas.

Un lugar para habitar el conjunto de las cosas creadas. Y ahora, que es de noche y nos rodean 18 kilómetros de agua no se me ocurre un nombre mejor. Habitar el mundo. Vivir cada instante, cada rayo de luz, cada risa, cada paisaje.  Es verdad que no hace falta venir aquí para darse cuenta, pero ¿cuánta gente no habita el mundo?  ¿Cuánta gente vive sin vivir de verdad?

Sin moverse, como si la vida fuesen esos patines nuevos que te regalaron y nunca usas por miedo a que se rompan. Yo lo había decidido hace tiempo. Voy a ponerme los patines y si se rompen será porque he patinado.

Soy millonaria ¿Y qué?

A los del yate de Marbella, a los de los aviones privados, a los de los coches de lujo, a los de los vestidos de diseño, a los de las comidas de 3000€, a los que cobran como los controladores aéreos, a los que miden la felicidad por los números de la cuenta, a los de los restaurantes caros, a los de los puestazos, a los que tienen 100 iPad, a los que tienen un chalé en la playa…a los de las SICAV, a los de los paraísos fiscales… A todos vosotros…no os envidio nada.

Porque yo soy las tardes de verano con Oli, las risas en el jardín con Juan, los cafés con Silvia, las fiestas con Jorge, las comidas después del currro con Gonzalo, las conversaciones con Davinia, soy también los mojitos con Emi y las risas con los “nuevos” y soy también algunos que estaban y ya no están. Y por suerte, soy también muchos que vendrán.

Soy todo eso, que no se mide en ceros y que sin embargo me hace inmensamente rica.

Y no, no me da ninguna verguenza decirlo. Soy millonaria ¿Y qué?

Gracias por hacerme rica.

Quiero y no quiero

Después de unos días/meses o igual años pensando lo que yo quiero en la vida he sacado algunas conclusiones:

Lo que quiero:


Quiero querer y que me quieran
Quiero hacer castillos de arena en la playa
Quiero ver atardecer
Quiero reirme hasta que me duela la boca
Que me abracen
Quiero ser absolutamente libre en la cama y fuera de ella
Quiero desayunar durante un par de horas los domingos
Quiero un lugar dónde ver las estrellas
Quiero disfrutar con mi trabajo
Quiero que no se me acabe nunca el bidón de la ilusión
Quiero tener cerca a amigos que me hagan más grande día a día
Quiero aprender todos los días

Lo que no quiero:

No quiero dejar de ser yo
No quiero creer que las cosas no pueden cambiar
No quiero que nada sea imposible
No quiero que los días sean grises
Ni a la gente gris
No quiero llegar al final de mi vida y pensar que no he vivido

¿Y tú, qué quieres?

La película más bonita del mundo

Parar un instante. Todos los días. 10 minutos. Ver ponerse el sol. Sentir que estamos vivos. Que el sol se pone todos los días. Y también sale…

Llevo tres días parando a ver atardecer. Dejando lo que estoy haciendo y sentandome a ver como se para el mundo. Disfrutando de esa película exquisita que tantas veces dejamos pasar.

Cómo tantas otras cosas que pasan delante de nuestras narices y dejamos pasar.

E igual que decidí que iba a sonreir siempre hoy he decido parar 10 minutos todos los días a ver la película más bonita del mundo. A sentirme viva. A sentir que mañana, pese a todo saldrá el sol.



El chico de la mano

(que me apetece seguir “en modo autoayuda“)
Ayer me crucé en el metro con un chico guapo no, lo siguiente. Era rubio, con una camiseta como de surf, un estilo a los vigilantes de la playa.

Demasiado guapo, pero no pude evitar fijarme en él. Y pensar: “joder que chico más guapo“.
Hasta aquí no hay nada extraño, los guapos también van en metro y yo me suelo fijar en ellos.
Pero después, cuando me fijé en él de lejos algo hizo “click” en mi cerebro. Le faltaba una mano. Y me llamó mucho la atención. No que no tuviera una mano, si no el click en mi cerebro. No esperaba que a un chico tan guapo le faltara una mano. ¿Y por qué? ¿Los guapos están a salvo de accidentes? Evidentemenete no, pero si hubiera sido feo no me hubiera llamado tanto la atención.
Supongo que sólo por el hecho de ser guapo atribuimos  la gente una serie de valores de éxito, que no tienen porque ser ciertos. Una asociación inconsciente. Y me he quedado dando vueltas a esa idea ¿Cómo podemos romper esas asociaciones inconcientes?

La sonrisa consciente

Ya sé que suelo escribir de política. Pero es domingo y ha terminado una semana que creo que es un punto de inflexión de mi vida.

La semana pasada gracias a @daviniasuarez encontré el post de Ramón Lobo  de “Los cuatro abrazos”. Y aunque suene a instrucciones del manual de autoayuda esta semana me he dedicado a cumplirlo. Y creo que he sido mucho más feliz.

Y he intentado también sonreir de manera consciente. Yo suelo sonreir mucho, pero no de manera consciente. Esta semana pensaba “voy a sonreir mucho al camarero, que parece que está enfadado” Y al final el camamero bajaba la guardia y me sonreía. Y esta semana Madriz me ha parecido un lugar maravilloso, dónde todo el mundo sonreía.

Y me he acordado de un cuento que una persona especial me contó la semana pasada:

Un viajero llega a una ciudad y al llegar encuentra a un abuelo al que pregunta ¿Cómo es la gente aqui? Y el abuelo le contesta ¿cómo es la gente del lugar del que vienes? Pues es un lugar gris, dónde nadie sonríe y todo el mundo está enfadado. Y el abuelo le contesta: Pues exactamente igual que aqui.

1o minutos despues llega otro viajero y le le pregunta al al abuelo ¿Cómo es la gente aqui? Y el abuelo contesta con la misma pregunta ¿Cómo es la gente del lugar del que vienes? Gente maravillosa, feliz, he hecho grandes amigos a los que voy a echar de menos. Y el abuelo le contesta Pues exactamente igual que aqui.

Esta semana yo me he esforzado por convertir mi alrededor en un lugar de gente maravillosa. Y lo he conseguido. Y me ha parecido magia. Y por eso, quería compartirlo con vosotros. 4 abrazos y más de 10 sonrisas al día.
mirando al futuro