En modo esponja

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Garzón, Argentina y la vergüenza

Ayer en una charla sobre las dictaduras en América Latina en la UBA salió el nombre de Garzón. Casi un héroe que se atrevió a juzgar desde las distancia los crímenes de la dictadura Argentina. Y como explicas sin que se te caiga la cara de vergüenza que en España nunca hubo juicios, que el parque de mi barrio tiene nombre de asesino, que aún hay estatuas de Franco. Da vergüenza.
Pero da más decir que cuando Garzón decide investigar en España le quieren sentar en el banquillo de los acusados los que ganaron la guerra. El mismo partido, la Falange, del que pedía datos. A 12.000 km de distancia España puede llegar a dar mucha vergüenza.

El “milagro español”

Así se llamó desde fuera a la transición española. Sobre todo antes del golpe de Estado del 81. España había sido capaz de encontrar la “reconcialición nacional” y en pro de ese consenso desmedido creamos un país en el que los que ganaron la guerra ganaron también la democracia. Nadie les juzgó. Nadie retiró las calles con sus nombres.  Y el verdadero milagro español, es que hoy, 35 años después  Falange diga “Garzón no se libra de ésta”. Que vivamos una persecución que sería una caza de brujas, si fuese posible hacer un plural con los jueces progresistas.

Si, debe ser un milagro del más macabro de los dioses que un partido que no acepta  la constitución sea legal y tenga la osadía de denunciar a un juez. Debe ser un milagro.

Que si en el artículo 10 2c de la Ley de Partidos dice que que se disoverán los partidos políticos cuando:

Cuando de forma reiterada y grave su actividad vulnere los principios democráticos o persiga deteriorar o destruir el régimen de libertades o imposibilitar o eliminar el sistema democrático, mediante las conductas a que se refiere el artículo 9.

Falange siga siendo legal. Debe ser un milagro del mismo Dios que  hacía que Franco fuese bajo palio.

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