La sinrazón
Después de tres días en Jerusalén no lo comprendes mas, si no menos. Te cruzas con gente con un crío en brazos y un fusil en la otra, con batallones de chicos y chicas de 18 años uniformados y armados ,con ortodoxos vestidos como hace 500 años y mujeres tapadas hasta los ojos,cristianos coptos que gritan como fuera de si, entras a cafeterías con detector de metales y miras a lo lejos y ves el muro que lo parte en dos. Es el centro espiritual de la sinrazón, del miedo,de la fe ciega, donde la locura es lo cotidiano.
Y desde aquí la paz se ve muy lejos, lejos porqué la paz es lo razonable, lo lógico ,lo de sentido común. Y en Jerusalén no hay sitio para eso.









