Hacía tiempo que no tenía invitados, así que hoy le he cedido el espacio a @Martuniki Secretaria de Políticas Autonómicas de la Agrupación Socialista de Chamartín y Vocal Vecino de su Junta Municipal, pero para mi sobre todo: “compañera tuitera”
Con un poco de introspectiva, creo poder afirmar que nací socialista.
Estando en la guardería de las monjas, a primeros de los 70, llamaron a mi madre con carácter de urgencia, porque ante la lectura de la Biblia yo afirmé que Abel me parecía un pelota insufrible y que dios había sido tremendamente injusto con Caín y que por tanto yo estaba del lado de Caín… afortunadamente para mí, mi madre es también de izquierdas y carece de sentimiento religioso alguno por lo que todo quedó en una anécdota que contar en voz baja a los amigos.
Durante mis primeros años de vida, me consideré Cristiana, me gustaba ese Jesús que le quitaba a los ricos para darle a los pobres, en plan Robin Hood, que preconizaba el amor al prójimo, el no querer para los demás lo que no quieres para uno, pero claro, en cuanto tuve criterio me di cuenta que la Iglesia estaba muy lejos de todo aquello, que eran unos estómagos agradecidos y que su lema era haz lo que yo diga, pero no lo que yo haga y huí.
Así que sin apenas tener conciencia de ello descubrí que yo era socialista, que quería que todo el mundo tuviera un mínimo necesario e indispensable, que para ello había que poner más los que más tenían, redistribuir la riqueza, respetar la diferencia, la diferencia religiosa, sexual, racial o cualquier otra diferencia, no en vano en casa me llamaban abogada de pleitos pobres ya que allí donde hubiera una causa perdida, una injusticia, allí estaba yo cual Juana de Arco.
Pero es que yo me di cuenta que era socialista, a primeros de los 80, cuando socialdemócrata era un insulto, eso lo eran los alemanes, más tibios, menos rojos, nosotros éramos socialistas, apenas habíamos abandonado el marxismo, éramos los descamisaos.
Yo me di cuenta que era socialista cuando en el año 82 la alegría sacudió cada rincón de este país, un gobierno del PSOE, presidido por Felipe González, el mayor encantado de serpientes que jamás se ha visto y su mano izquierda, Alfonso Guerra, el político que mejor ha manejado la dialéctica, que más rico discurso ha esgrimido en todo momento, que mejores réplicas nos ha ofrecido a la concurrencia… entonces era tan fácil ser socialista que los arribistas se nos pegaban como moscas y de aquellos barros vinieron los lodos de los 90, pero esa es otra historia y tendrá que ser contada en otra ocasión.
Desde entonces he sido socialista, en las duras y en las maduras, teniendo en cuenta que las primeras elecciones en las que voté fueron las de la Generalitat en el año 91 que perdió Raimon Obiols, mi debut como socialista mayor de edad no pudo ser peor…
Mi peor recuerdo como socialista fue la derrota en las generales del 96, cuando Almunia que había llegado a ser nuestro candidato después de la judiada a Borrell, dimitió en pleno recuento de votos. Yo estaba en un colegio electoral en Tetuan, contando votos peperos en su mayoría y aguantando las chanzas y risas de los interventores del PP que ya sabían que nuestro candidato había dimitido en lugar de aguantar esa noche con nosotros, los que dábamos la cara por él…
Tuvimos que esperar 8 larguísimos años para volver a sentir la emoción, la alegría inmensa de ver un Presidente Socialista en la Moncloa, y aunque las circunstancias no eran para mucha fiesta y ZP nos mandó para casa con un abrazo, en mi casa corrió el cava y unos días después, durante la sesión de Investidura, recibí un SMS de mi hermano de Bruselas que decía, estoy oyendo el más bonito discurso de investidura que jamás se ha oído a un presidente en España.
¿Y ahora qué? Pues ahora estamos pasando una crisis mundial de proporciones insospechadas, tenemos dificultades para coordinarnos, para hacer llegar nuestro mensaje a los votantes, pero seguimos haciendo políticas de izquierdas, se mantienen todas las prestaciones sociales, no se recortan derechos de los trabajadores, se ayuda a los parados, se apuesta por los emprendedores, se reforma la Ley del Aborto para darle a las mujeres el poder sobre su cuerpo, se apuesta por la Educación, por la Investigación… en una palabra, seguimos siendo socialistas.
Si, nací socialista y moriré socialista.