Yo también he llorado

Por el hermano de mi abuela, que dio la vida por lo que creía justo, por mi abuelo, que lleva toda la vida defendiendo lo que cree,  por mis padres que hicieron lo que pudieron para que tuvieramos una democracia.

Por los años de cárcel de Josefa y de Adolfo.

Por todos los que perdieron la guerra.

Y sobre todo por nosotros, porque aquellos que les ganaron la guera nos han ganado la democracia.

Un lugar para llorar

El día que me muera, no me gustaría que me enterraran en un cementerio. Que mi familia tuviera un sitio a dónde llevar flores y a dónde llorar mi muerte. No me gustaría y seguramente por eso, en mi testamento lo ponga. E igual es una decisión egoísta, porque a mi familia le puede ayudar mucho en el proceso de duelo ubicarme en un lugar.  Como creo que a mi abuelo le he ayudado tener un lugar dónde llorar. Pero será mi decisión.

Estoy segura, que esos que se niegan a investigar el franquismo, a abrir las fosas, tienen su lugar para llorar, saben a donde ir cuando echan de menos a su abuelo. Saben donde ir, vestidos de domingo en Noviembre a poner flores frescas y a dejar limpia la lápida.

No es revanchismo, señores. Los que perdieron también tienen derecho a un lugar para llorar, a poner flores a sus abuelos. E incluso, a enterrarlos con sus mujeres. No se llama revanchismo, se llama justicia.