Ojalá, pudiese titular así este post. Pero casi. El Premio Nacional a la convivencia y la integración ha sido para el colegio San Bartolomé de Fresnedillas.
Parece mentira que sea el mismo pueblo que recibe este premio el que cuyo alcalde se negaba a empadronar inmigrantes. Y también parece mentira que el ministro de Educación, que entregará el premio lo tendrá que hacer en los barracones en los que estudian los niños. Y más mentira aún, parece que los niños de Fresnedillas tengan que ir andando, a más de 15 minutos al futuro nuevo colegio, que está en mitad del bosque por la cabezonería de un alcalde que antepone su interés al del municipio.
Pero este premio es un reconocimiento a lo que Fresnedillas siempre ha sido. Un ejemplo de integración que por suerte, pese a las políticas poco integradoras del ayuntamiento, seguirá siendo.
El premio tiene el valor de reconocer “la dedicación, el esfuerzo y la creatividad mostrada por la comunidad educativa del Colegio San Bartolomé para favorecer la convivencia, la tolerancia, el conocimiento mutuo, la paciencia con los demás y el respeto, tanto en el colegio como en el municipio”.
Enhora buena a los premiados.


Si, hablo mucho de la ilusión, pero es la razón que me motiva a casi todo. Y por ilusión cree y administre un año el