En modo esponja

política, social media y muchas veces política y social media

Mal asunto

(post de @ferendus)

Miércoles 23 de Junio de 2010 noche de las hogueras de San Juan. Es el día más largo del año, y la verdad que se nota.
Los largos rayos de sol llevan posándose sobre las calles de Madrid durante interminables horas. Ahora, a las ocho y media de la tarde, sigue dejando caer toda su fuerza sobre el asfalto recalentado como si fueran las cinco de la tarde de un día normal.
A pesar de llevar ropa veraniega, tanto Javi como yo, con gotas de sudor empezando a brotar por nuestras sienes, nos miramos a los ojos leyéndonos instantáneamente el pensamiento. Decidimos a para a repostar a la única máquina que nos va a acompañar toda la vida, nuestro cuerpo.
Dado que teníamos una fiesta a la que finalmente no habíamos podido acudir en el barrio de Chueca, decidimos ir a tomar algo en algún bar cercano. Parece ser que somos poco originales, porque mientras vamos recorriendo las calles y plazas del barrio gay por excelencia, todos los negocios que nos vamos encontrando se encuentran llenos de jóvenes parejas y grupos de amigos que han tenido la misma idea que nosotros.

Finalmente la diosa Fortuna intercede ante nosotros y una pareja se levanta delante nuestro en una terraza de la plaza Vázquez de Mella. Nos sentamos y encargamos nuestras bebidas. Comienza la conversación y las risas, nos acompañan el murmullo lejano de las conversaciones de los otros clientes del bar, los alborozos de la plaza y los gritos de los niños que aprovechan a jugar a la pelota en la pequeña explanada que queda delante.
Soy monitor de tiempo libre y una de las secuelas que me quedó fue prestar una atención constante a los niños, sobre todo cuando percibo que se encuentran en una situación potencialmente peligrosa, al igual que un dentista no puede parar de analizar la boca de los que ríen delante suyo o un fotógrafo encuadra disparos constantemente en su mente.

De repente, la pelota queda descontrolada y niño detrás, se dirige a la estrecha calle que bordea la plaza, con la mala suerte que justo en ese momento pasa un taxi. Mi corazón se levanta al vuelo preocupado porque el niño, pendiente de la pelota corra tras ella y choque igualmente contra el taxi.

Menos mal que el niño está bien educado y al llegar al bordillo de la calle se queda parado mientras la pelota pasa por debajo del taxi, cuyo conductor, asustado, frena de repente. Afortunadamente, la pelota cae por detrás. el conductor echa un grito al niño mientras recoge su pelota, sonriente por que no le haya pasado nada, y vuelve corriendo a la plaza. Un episodio más costumbrista de Madrid.

Despreocupado ya por los niños que juegan a la pelota, vuelvo a la conversación y a mi biter kas, cuando de repente algo me llama la atención de nuevo. Un nuevo sonido de frenazo. ¿han atropeyado esta vez a otro niño no tan bien enseñado cuando no estaba mirando?

******

previamente: estoy tomando algo en la plaza Vazquez de Mella el 23 de Junio de 2010 sobre las 20:30 cuando de repente un coche pega un frenazo. Temo por la vida de un niño jugando al fútbol en la inmediaciones.

El conductor del vehículo, un coche pequeño, color gris oscuro y con un par de abolladuras, se baja disparado del coche. Cuál es mi sorpresa cuando, sin siquiera detenerse a cerrar la puerta o apagar el motor,  en vez de agacharse delante del morro del coche, que quedaba fuera de mi vista, sale corriendo hacia la plaza. Rápidamente, mi percepción de lo que está pasando cambia. Este conductor se lanza como un tren desbocado hacia la plaza, como quien ha visto a un ladrón que quiera dar alcance, como quién ha visto a una persona querida que necesita auxilio…El conductor, vestido de forma veraniega (pantalón corto y camiseta sin mangas), es un chico joven, de unos 26 años, lleva el pelo puesto de punta con varias mechas tiene un cuerpo atlético y una mirada fija. Y un objetivo.

Un perrillo que va paseando una chica rubia de gafas se acerca meneando el rabo hacia él, quién lo esquiva y se dirige siguiendo los pocos metros de la cuerda hacia la chica que lo está paseando. Ella se encuentra petrificada en el suelo con la misma cara que se te queda cuando te sale a pagar una bestialidad en la declaración de hacienda. A partir de este momento, lo que empieza a ocurrir es algo de lo que lamentablemente estamos bastante acostumbrados en la televisión.

Comienzan los gritos hacia ella, quien recoge a su perrito en brazos e intenta huir, el conductor la intenta perseguir, intentando agarrarla, quién no hace más que cruzarse en su camino emitiendo sus gritos hacia ella a una mínima distancia de centímetros de su cara.

Toda la plaza ha notado la tensión. Los niños han dejado de jugar, las parejas han dejado de mirarse a las profundidades respectivas de sus ojos para prestar atención a lo que parece algo más que una mera discusión de pareja. Mis dedos en ese momento ya han marcado el 016 para denunciar la situación.

De repente, el pitido de los coches, que intentaban circular detrás interrumpen la situación. El chico parece darse cuenta de la situación y girando aún un par de veces la cabeza hacia ella mientras le lanza un par de improperios más, se dirige a su coche abandonado mientras el resto de la plaza, que no le había quitado el ojo de encima, parece expirar de alivio a la vez. Es en ese momento y tras sólo dos tonos de marcación, decido posar mi dedo sobre el botón colgar de mi terminal de teléfono.

Nuestro conductor se mete de nuevo en el coche y arranca chirriando rueda. La chica mientras tanto, desorientada, intenta alejarse hacia su casa, que tiene la mala suerte de estar de camino a la dirección que marca el sentido de la circulación. Su cara de susto vuelve a aflorar cuando se percata que el chico del coche no se había alejado del lugar de los hechos relatados, sino que simplemente se había desplazado unos metros hasta poder subir el coche a la acera y permitir la circulación de los coches que le seguían.

Tras poner las luces de emergencia y esta vez apagar el motor, sale del coche de nuevo como un energúmeno hacia la chica que no puede creerse que no haya pasado aún el mal trago.

*****

previamente: un chico sale de un coche e insulta a una transeúnte que paseaba a su perro. Dado que ha dejado el coche en mitad de la carretera debe regresar a retirarlo. En vez de alejarse, simplemente lo aparca y vuelve a la carga.

De nuevo comienzan los insultos y las persecuciones por la plaza. En esta ocasión, dado que se encontraban más cerca nuestro podemos escuchar claramente lo que están diciendo. Ella no hace más que repetir “véte”, “déjame”.
Él en un momento llega a quitarle el perro de las manos. Para ello llega hasta a pisarle el pie, que llevaba una mera chancleta playera, de las que sostienen simplemente por un dedo para inmovilizarla mientras le grita de forma audible para la mayoría de los presentes en la plaza “te voy a quitar la puta vida, ¿me entiendes?, te voy a quitar la puta vida, la puta vida”.

Son palabras textuales, que cuesta bastante olvidar, que aún retumban en mis oídos y que sonaron cuando estaba de nuevo marcando el número de teléfono de atención a la víctima de violencia de género. Esta vez sí que consigo contactar con ese servicio, tras varios tonos de espera, donde les narro los hechos y la situación y me comunican que me van a pasar con la policía municipal para que se presenten en la plaza. Tras unos minutos de espera con una melodía de atención al cliente, vuelve a ponerse en contacto la misma operadora que me atendió, esta vez con un tono más culpable, indicándome que la policía no responde a la llamada, pero que ella ha dado parte de la llamada.

Mientras tanto, la chica, que se había acercado a la terraza para alejarse de él, estrategia que parece funcionar, ya que ella al acercarse al negocio, donde todos nos encontramos en silencio, mirando con mirada dura al chico, hasta que éste se da media vuelta, regresa al coche y parece alejarse.

Una pareja de chicos se acercan a ella y le dicen que denuncie esa situación.
Es en ese momento cuando finaliza mi conversación con el 016 y puedo levantarme de la silla. Me acerco a ella y la invito a sentarme con nosotros. Javier le solicita al camarero un vaso de agua para ella, quien se ha puesto a llorar desconsoladamente. Mientras esperamos a la policía, él no hace más que llamarla, de forma anónima o con su número. Tras 10 minutos de espera, decido volver a utilizar el teléfono, llamando esta vez al 091 (policía nacional) quienes sí se personan rápidamente en la plaza.

Ella quiere contestar, pero no se atreve delante de nosotros. Su voluntad, como la de muchas víctimas se encuentra anulada en una espiral de culpabilidad y convencimiento de que en el fondo la quiere.

Ella no quiere al principio denunciar. Confiesa que no es la primera vez que pasa eso, que ya le había interpuesto otras denuncias, incluso obtenido una orden de alejamiento, pero que las había retirado. Nos comenta que en la bronca él no hace más que recordarle que ella le metió al calabozo (dos días mientras le detienen y le juzgan por violencia doméstica). Que no quiere que le vuelvan a meter al calabozo, que no le desea ningún mal.

La convencemos que interponga la denuncia, que a nadie le meten en el calabozo por no hacer nada, que no va a poder sacar a pasear tranquila el perro nunca más sola o que la próxima vez no tendrá tanta suerte que haya tanto público y la puede abordar a horas nocturnas donde no haya nadie que pueda ayudarla. Ella accede a volver a su casa acompañada por la policía, ya que las insistentes llamadas no son más que un signo de que está rondando cerca de ella.

Como se queda con la policía, les dejo mis datos (y a ella mi teléfono) para que me cite para declarar si fuera necesario como testigo. A partir de ese momento, nos vamos a nuestra casa, con el mal cuerpo de haber presenciado ese espectáculo tan desagradable y sin ganas para acudir a las hogueras con otros amigos que habíamos quedado.

Pero la historia no queda aquí, porque de camino a casa, vuelve a saltar la liebre.

*************

Previamente: soy testigo de una agresión de violencia de presunta violencia de género en la calle. La víctima se va a casa acompañada por la policía. Se quedan con mis datos como testigo de los hechos.

Esta parte la narro en función de lo que me contaron diferentes testigos en la antesala de espera del juicio.
Cuando la policía la  acompaña a casa, siguiéndola a una escasa y prudencial distancia, se encuentran con el mismo chico, que estaba esperándola en un bar en frente de su casa. Sale de nuevo disparado hacia ella, en el mismo plan que antes en la plaza. No le importa que esté le policía presente y que se interponga entre ellos, llegando incluso a repetir las amenazas delante de ellos, realizar nuevas amenazas hacia ellos…hasta que es detenido y puesto en el calabozo a la espera del juicio rápido por violencia de género.

Como no es la primera vez, sino la tercera, esta vez no se gestiona por los juzgados de violencia contra la mujer, si no que pasan por los juzgados normales penales. Estos son los que me citan para declarar como testigo.

Como la citación es errónea (me citan el 25 de Junio para el 6 de Junio, y hasta ahora no es posible viajar en el tiempo sin una botella de neutrex futura) llamo a los juzgados y lo pongo en conocimiento. LLamo a ambos juzgados que declinan la responsabilidad de la citación errónea acusándose mutuamente por el error..el caso que funciona ya que el 1 de Julio recibo una nueva citación de urgencia para comparecer en Madrid (yo ahora mismo vivo en Zaragoza) esta vez el 6 de Julio.

Según me entero, él vuelve a alojarse en su casa tras salir del calabozo, ya que le pone ojos de cordero degollado y le indica que no tiene donde quedarse, lo cual, es evidentemente mentira ya que antes tampoco estaba alojado con ella. En la espera del juicio, la noche anterior al mismo, cuando tras dos días de convivencia ella vuelve a pedirle que se vaya de casa, se persona de nuevo en su casa, y desde el portal, grita de nuevo amenazas contra ella
(“te voy a prender fuego”) que son escuchadas por la hermana de la víctima que vive en el mismo edificio que ella, y que es la que finalmente llama a la policiía cuando baja a hablar con él y pedirle que se calle.

Él, además de amenazar a la hermana y tirarla al suelo, le quita el teléfono y se lo introduce en el calzoncillo por delante.

La noche anterior al juicio además de todo eso, el abogado defensor del chico me llamó. Se identifica como abogado de ambos. Me comentó que no fuera a declarar, que era el único testigo de cargo y que se estaban jugando 9 años de prisión por un pisotón. Me dice que los dos están apañados y que no ha sido más que una mera discusión de pareja y qué voy a declarar. Le contesto que voy a declarar la verdad, lo que vi, que voy a contestar las preguntas que me hagan en juicio y ya, que no me cuente cuentos. Me vuelve a insistir que no vaya que no pasa nada, le comento que si no voy me puede caer una multa, de entre 200 y 5000€ y que no me juego una multa de 500€. Entonces es cuando ya llega el momento surrealista que me pregunta “¿por 500€ no declararías?”. Como la conversación no me gusta nada le digo que el que me ha llamado es el Juez y no él, que ya tengo los billetes comprados y que no voy a hablar más. A mi no me parecía muy legal que un abogado llamase a un testigo y ya el contenido de la llamada me dejó con mal cuerpo.

Y llegamos al juicio.

*************

Previamente: Hemos llegado al juicio contra las amenazas proferidas en la calle. El chico mientras tanto no ha parado de seguir con las andadas.

En la antesala del juicio ella me confirma que no están apañados, ni le ha perdonado…que el abogado también no hace más que llamarla para que se apiade de él..

Tras un retraso de más de dos horas, al final se celebra el juicio, suben al detenido esposado, aparece el abogado, el cual me saluda como si me conociera (por la conversación del día anterior), y ya me citan a declarar tras (supongo ya que no podía estar dentro) de las declaraciones de ella y de él. Tras contar lo ocurrido, en que el fiscal me pregunta concretamente si era un pisotón por accidente o se trataba de otra cosa y confirmar que estaba reteniéndola, el abogado de la defensa no me hace ninguna pregunta.

Aprovecho yo para preguntar a la juez qué hubiese pasado si no comparezco como testigo (y me confirma que hubiese habido una multa) para luego decir que recibí una llamada de..la juez, que no quiere ese marrón en su juicio me dice que si me he sentido mínimamente inquieto para no acudir a juicio que vaya a un juzgado de primera instancia a denunciarlo. Se ve claramente que ella no quiere comerse ese marrón.

El fiscal sí que me indica que quiere verme tras la vista. Al terminar la misma, le cuento lo que ha hecho el abogado de la defensa y me comenta que ya se conocen entre ellos y saben que estas cosas pasan, que le denuncie de todas maneras pero que se va a quedar en agua de borrajas porque va a ser mi palabra contra la suya, y que le diga (ya que entraba de nuevo en la sala a por un impreso para pagarme los gastos del tren) si el abogado volvía a ponerse en contacto conmigo.

Efectivamente el abogado sale y me dice “¿qué te han llamado?” y yo, “sí, tú”, me dice “yo no”..pero justo en ese momento se abre la puerta para el fiscal darme la hoja de gastos  (del tren, por venir desde Zaragoza) y sale corriendo el abogado tras decir “encantado de conocerte”. El fiscal se ríe de haber acertado con su predicción.

Me encuentro con la víctima(1) a la salida del juzgado, me comenta que le han absuelto, dado que ella ha quitado mucho hierro al asunto y ha defendido también la versión del abogado de que era una riña subida de tono.
Por lo tanto, el chico a ojos legales es inocente, ya que así ha sido la sentencia. Pero ello no anula que acontecieron esos hechos, simplemente la valoración jurídica es esa.
El fiscal manifiesta que va a recurrir ese fallo.

En esos momentos vuelve a aparecer el abogado que me dice “está muy feo denunciar a un compañero” le contesto “está mucho más feo acosar a un testigo”, como ve que por ese lado no va a sacar nada me dice “de tdoas maneras, menuda coacción que has venido al juicio” y yo le contesto “sí, me sentí coaccionado y he venido al juicio porque me ha citado el juez, de todas maneras, en cuanto te identificaste como abogado puse el manos libres, que estaba delante de mi familia y que mi padre, que es también abogado había oído toda la conversación”.
Como seguía preguntándome insistentemente le coto diciéndole que no sé qué le importa “si no ha sido usted el que me ha llamado” y que “usted sabrá”..

Es cierto que no tengo pruebas, pero sé que se ha quedado inquieto, porque en el juicio contra la hermana por los empujones (en los que llamó cuentista y fantasiosa a la hermana por ser periodista además de decir que fue ella la que le introdujo el móvil en el bolsillo del chico, cuando hasta la policía en la declaración indica que se lo tuvo que sacar del calzoncillo) la chica que acompañaba a la hermana y que el abogado no conocía, estuvo escuchando la conversación del abogado con su cliente, donde le manifestaba que “estos rojos de mierda que no hacen más que dar mal” y “el maricón del testigo y del fiscal, que seguro que están juntos, que me ha dicho que me va a denunciar ” le tenían bastante nervioso.

Gracias a la hermana sé también que por lo menos la víctima no está sola, que su familia lucha por ella aunque ella, ingenuamente piense que si le deja escapar esta la va a dejar en paz, y que, según me cuenta,  la anterior novia del chico ya le interpuso denuncias por violencia de género.

Todavía no se ha salido sentencia por los empujones a la hermana y las nuevas amenazas.

CONCLUSIÓN:

-hay que reformar de nuevo la ley penal contra violencia de género para contemplar además todos los casos que ha sido acusado como este, al menos que sean traídos al caso, ya que cada juez se enfrenta a cada caso de forma aislada y por ejemplo en este caso es bastante evidente.
-hay técnicas que utilizan abogados, que encima están apuntados en el turno de oficio y podrían defender a otras víctimas de violencia de género, que además de ser bastante poco ortodoxas, son ilegales…y que quedan impunes.

(1) la llamo víctima aunque el fallo haya sido la absolución ya que pese que a esos hechos a ojos de la juez juzgadora no constituyen ni delito de falta, ha sido ella la destinataria de los hechos. Entender víctima en el sentido de sujeto pasivo.

yellowmind