Mi abuelo era comunista. Un comunista de los de toda la vida. En mi pueblo había dos personas que votaban al PCE: mi abuelo y el loco del pueblo. Comunistas como mi abuelo, quedan muy pocos. Locos del pueblo muchos.
Comunistas cómo los que en 56, hablaban antes que nadie de reconcialición nacional:
“… Nosotros entendemos que la mejor justicia para todos los que han caído y sufrido por la libertad consiste, precisamente, en que la libertad se establezca en España. Una política de venganza no serviría a España para salir de la situación en que se encuentraLo que España necesita es la paz civil, la reconciliación de sus hijos, la libertad
O como Santiago Carrillo, que recién legalizado el PCE se sentó “con el enemigo” a escribir una constitución monárquica.
De esos no quedan. Sólo quedan los defensores del castillo de la ideas. Los que defenderán sus ideas cerradas aunque el precio sea no tener espacio dónde defenderlas. Ya no quedan comunsitas. Sólo quedan los locos del pueblo. Y dicen que es para luchar contra e bipartidismo de Madrid. Para eso, no hace falta matar a los mejores, hace falta dejarlos en primera fila.
Y yo, me acuerdo de Líster y el Campesino a punto de matarse en la Guerra Civil….¡coño que el enemigo está enfrente!