Ayer en la votación del PSM lo que perdió fue la democracia. No porque ganara Tomás Gómez o porque no lo hiciera Jaime Lissavetzky, por las formas de unos y supongo de otros.
Una votación más han ganado las amenazas veladas y no tan veladas, las presiones, la gente que no te saluda porque piensan que no piensas como ellos. Las llamadas de presión. Los que andan pasilleando para no perder o para ganar un sueldo a fin de mes.
Y hemos perdido los militantes de base. A los que las luchas de poder nos interesan poco. Hemos perdido con los que no se puede mercadear porque no esperamos del PSOE más que haga un país mejor para nuestros hijos.
Me decía ayer un compañero “yo ya estoy cansado ya de peleas y presiones de unos y de otros, que nos dejen ya de rollos y pongamos a trabajar a para cambiar Madrid”
Y eso es lo que deberíamos hacer. Mirar a los ojos a una Comunidad que nos ha dado el peor batacazo de la historia porque nos lo merecemos.
Da igual que hubiera ganado uno o otro. Las feas costumbres del PSM son las mismas.
Hoy es un día de esos en los que dan ganas de quemar el carné. Pero si todos lo hacemos es cuando ganaran los grises, los mediocres, los chantajistas y los calienta sillas.

