El gobierno, designado por el presidente que es elegido por los ciudadanos a través del parlamente debe tener una función representativa. O eso entendí yo al respecto de la democracia. Hace tiempo que debimos dejar atrás el depotismo ilustrado de “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Aznar, obviando las inmensas manifestaciones contra la guerra de Irak dio una lección sin precedentes de despotismo. Con las calles llenas, Aznar puso los pies encima de la mesa y miró para otro lado y sin contar con nosotros, invadió Irak.
Hoy Rubalcaba tiene dos opciones, la de hacer lo que el pueblo quiere y la de hacer lo que el gobierno -unilateralmente- quiere. Es evidente que los ciudadanos estamos exigiendo una condena por parte del gobierno a la brutal agresión del gobierno marroquí al pueblo Saharui.
Si el gobierno decide una vez más actuar sin contar con los que les hemos elegido estará caminando peligrosamente por la senda del depostismo, que además provocará que el PSOE siga sin recuperar las distancias en las encuestas.
La izquierda española y la mayoría de los ciudadanos exigimos una condena. Y somos nosotros los que os hemos sentado ahí. Y los que os podemos quitar.